martes, 8 de octubre de 2013

CONVERSACIÓN Y DIÁLOGOS GENERATIVOS. Teoría, Prácticas y Fundamentos.

CONVERSACION Y DIALOGOS GENERATIVOS[1]
   TEORÍA-PRÁCTICA-FUNDAMENTOS


Experiencia Evaluativa  de  Estudiantes de Trabajo Social sobre “la conversación”

Autores: Víctor Hugo Mamaní y Griselda Méndez
Centro de Estudios Jakasiña-Jujuy-Argentina

1. INTRODUCCIÓN Y ACLARACIÓN PREVIA
Trabajar desde y con la conversación, desde y con diálogos generativos no se trata de  una “ocurrencia de moda”, “de una infantil conducta reactiva” o “una postura antojadiza”, que nos lleva intempestivamente a crear acontecimientos o dispositivos de trabajo y “nombrar por nombrarlos nomás”,  sin un sustento teórico, metodológico y epistemológico. Hacer eso sería nada profesional,  imprudente, inmaduro e irresponsable de nuestra parte. Ninguna forma de nombrar fenómenos o dispositivos, es ingenua, nada de lo que se nombra se encuentra por fuera de quién y cómo lo nombra, ni de la situación contextual en que se nombra.
En el campo del Trabajo Social, Natalio Kisnerman nos introdujo en el Construccionismo Social, ofreciendo pistas donde buscar, construyendo nuevas posibilidades para la formación y el ejercicio profesional.  En este apartado presentamos nuestro enfoque epistemológico, la metodología de diálogos generativos, y la sistematización (teoría-práctica) de las expresiones-posibilidades de los estudiantes protagonistas del 1er Conversatorio Regional del NOA de Estudiantes de Trabajo Social, quienes durante la Jornada del 9 de Junio, evaluaron su experiencia de “la conversación y los diálogos generativos”.
Estos conversatorios (20 grupos) fueron coordinados en su mayoría por estudiantes de las diferentes delegaciones provinciales, estudiantes que fueron asumiendo tal responsabilidad, recibiendo guías elementales para la función moderadora del “acto dialogal” propuesto, no sin dificultades por sus primeras experiencias. Estos moderadores tomaron registros de las expresiones y posibilidades emergentes, fueron analizadas y categorizadas según sus recurrencia, resultando el presente apartado.

2. EPISTEMOLOGÍA. CONSTRUCCIONISMO SOCIAL Y DIÁLOGOS GENERATIVOS. En base a los Desarrollos sobre “Diálogos Generativos” de  Dora Fried Schnitman (2008)
Los nuevos paradigmas sustentan el concepto de diálogos generativos porque permiten  trabajar con posibilidades y realidades emergentes. Del mismo modo que la noción de  paradigma nos recuerda el nombre de Kuhn (1962), la noción de nuevos paradigmas nos remite a Ilya Prigogine (1994) y su trabajo sobre autoorganización, caos y tiempo  irreversible; a Edgar Morin (1994) y el paradigma de la complejidad; a Félix Guattari  (1994) y el paradigma estético; como así también a la importancia de la inclusión del  observador propuesta por el constructivismo de Heinz von Foerster (1994)  y al énfasis del Construccionismo Social en la construcción social de la realidad y  de las ciencias, de Kenneth Gergen (2000) y W. Barnett Pearce (1994) entre otros. 
Construccionismo Social como movimiento intelectual -como lo llamó su creador Kenneth Gergen, (en Ibañez, 2003, p. 157) donde refiere que el construccionismo es un conjunto de elementos teóricos en progresión, laxo, abierto y contornos cambiantes e imprecisos, más que como una doctrina teórica fuertemente coherente y bien estabilizada. Dicho con otras palabras, el acierto consistió en privilegiar  la dimensión instituyente del socioconstruccionismo por encima de su dimensión instituida o su carácter de “proceso”  en desarrollo por encima de su carácter de “producto” más o menos acabado. Simple diferencia  de énfasis, si se quiere, pero diferencia consonante con los propios supuestos epistemológicos que nutrían al construccionismo social, y que inducía a pensar esta orientación mediante la metáfora de un archipiélago más o menos disperso, en lugar de recurrir a la metáfora de un macizo continente”
Construccionismo Social como un conjunto de conversaciones que se desarrollan en todas partes del mundo y participan todas ellas, en un proceso que tiende a generar significados, comprensiones, conocimientos y valores colectivos. Estas conversaciones vuelven a poner en tela de juicio todas las hipótesis que damos por sentadas, todos los saberes autoritarios y todo lo que hasta este momento dábamos por específico del “yo”. Paralelamente nos incitan a considerarnos intrínsecamente interdependientes y a pensar que nuestro futuro depende no solo de la manera en que gestionemos estas interdependencias, sino también de nuestra capacidad para transformar colectivamente las construcciones que hemos hecho de nuestra personalidad y del mundo. Y añade que estas conversaciones no aspiran ni a establecer de manera precisa la naturaleza  del construccionismo ni a petrificarlo o sacralizarlo, de manera que alguien pudiera pretender que es su exclusivo dueño o su cancerbero. Ello no les impide  ser en extremo liberadoras e ir acompañadas de un entusiasmo muy estimulante en todo tipo de ámbitos: intelectual, político, cultural, global. (Gergen, 2005, p.34) (Entrevista de Mony Elkaim a K.Gergen)
La perspectiva creativa del tiempo, el caos como fuerza potencialmente innovadora, la complejidad como un mundo abierto de posibilidades, la construcción activa de sujetos en contexto, de significados y  prácticas, el particular recorte de sus realidades y la consideración del conocimiento como un proceso generativo-constructivo, son recursos de los nuevos paradigmas que permiten un desplazamiento desde perspectivas asociadas con un mundo ordenado y predecible a perspectivas en las que la turbulencia, la oscilación, los eventos inusuales o únicos y la innovación conforman oportunidades y posibilidades tanto para la  ciencia y las prácticas profesionales como para la vida cotidiana; desde perspectivas en las que confiábamos en un futuro garantizado por los sistemas políticos y/o científicos y/o los proyectos sociales, nos deslizamos así hacia otras perspectivas  en las que “el futuro está por construir”.
En esta inteligibilidad los acontecimientos del mundo que habitamos devienen procesos y eventos emergentes que implican una apertura a lo nuevo, lo inesperado. La puesta en acto de estos eventos o acontecimientos necesita comprenderse en su potencial creativo. La creatividad es siempre real, siempre en progreso, una respuesta a las circunstancias, a las situaciones particulares en tiempos particulares.  Necesitamos un conocimiento generativo y enraizado local y ecológicamente, una conjunción de conocimientos, saber cómo hacer y cómo ser, saber acerca de sí en contexto, saber cómo posicionarse, saber qué resulta apropiado, saber expresarse incluyendo al  otro, etcétera. Se da un movimiento hacia una perspectiva que sustente el ejercicio de la curiosidad orientada a explorar lo más prometedor para la creación de conocimiento generativo y la formación de personas que integren teoría y práctica, que actúen como observadores participantes en mundos sociales conceptualmente pluralistas. Esta creatividad no ocurre  ex nihilo sino que tiene lugar en contextos situados, específicos, en una dimensión temporal con una trayectoria que presenta simultáneamente diversidad, oportunidades y limitaciones.
¿De qué manera reformulamos modelos y  prácticas avanzándolos hacia procesos generativos? Los modelos que proponen pre-diseños de focos de experiencia, necesitan la complementación de modelos que permitan que los participantes reconstruyan sus centros de experiencia. Investigadores y realidades, grupos y contextos, profesionales y consultantes, devienen autores de cada proceso singular focalizado en las actividades de construcción social de realidades específicas, locales y situadas; las micro prácticas y micro diálogos cobran significativa importancia no sólo como antecedentes o ilustraciones de temas más generales sino también como objetos adecuados de indagación y puntos de partida en los procesos generativos.

Diálogos Generativos: creación dialógica 
Podemos denominar creación dialógica a la construcción gradual en el tiempo de algo nuevo mediante el diálogo reflexivo y el  aprendizaje conversacional en grupos humanos. En el desarrollo del proceso las personas o grupos llegan a ver, experimentar, describir, vincularse y posicionarse de una manera diferente. Este enfoque centrado en los diálogos generativos considera a la creación de significado, la experiencia y el conocimiento como procesos constructivos en los que los acontecimientos específicos, los actos y episodios tienen la capacidad potencial de transformar las pautas de relación social desde su interior. Los episodios con  posibilidad de expandir, transferir o crear nuevos significados y prácticas devienen núcleos alternativos que puede desarrollarse como contextos privilegiados de interpretación y práctica. En esta perspectiva las herramientas y recursos generativos se focalizan en cómo se generaron tales episodios. ¿Cómo emerge y se consolida lo nuevo para convertirse en un contexto principal de práctica o significado? ¿Qué  coordinaciones discursivas  y sociales producen estos desarrollos? ¿Qué contextos o  condiciones facilitan la emergencia y el sostén de las nuevas posibilidades de significado y acción?
En desarrollos teóricos y de prácticas, desde 1994, comencé a trabajar esta perspectiva y sus implicaciones para la práctica terapéutica (Fried Schnitman, 1994, 1995) ampliando luego el abanico hacia la gestión de conflictos y el afrontamiento de crisis, la convivencia y las prácticas de equipo, liderazgo y gerenciamiento colaborativos, participativos o asociativos (Fried Schnitman, 2000a-b; Fried Schnitman y Schnitman, 2000b-c-d) presentando herramientas y recursos generativos.  La construcción de futuros como ingrediente del cambio conlleva la exploración de procedimientos para acceder a dichos futuros actuando desde las circunstancias del presente. Las posibilidades creadas en una conversación generativa devienen núcleos de innovación que, una vez creados, pueden actualizarse si están basados en acciones que privilegian alternativas existenciales y orientarse hacia la construcción de realidades novedosas y diferentes. Según Félix Guattari (1994) podemos referirnos así a una heterogénesis ontológica, a la creación de nuevas ontologías, es decir a la posibilidad de co-construir y reconocer identidades,  relaciones y realidades innovadoras y emergentes.
Este proceso creativo está sostenido por una dimensión estética que atraviesa el hacer humano, más allá del arte, como territorio acotado y promueve posibilidades inéditas o el reciclado de lo existente, visiones y versiones del mundo. Entendemos a la gestión de conflictos, el trabajo hacia la convivencia en la diversidad y los abordajes generativos, transformativos y asociativos como prácticas desarrolladas en el marco de los nuevos paradigmas (Fried Schnitman, 2000b, 2002a; Fried Schnitman y Schnitman, 2000b-c-d). Usualmente, las realidades y prácticas sociales en las que predominan la confrontación y la disputa coexisten con otras realidades sociales en las cuales las personas, instituciones, empresas, comunidades y hasta naciones son capaces de construir espacios sociales de diálogo en los que surgen posibilidades inéditas, sin renunciar a sus diferencias. Una diversidad de nuevas prácticas sociales para una mejor gestión del conflicto –apenas agrupadas bajo la denominación de resolución alternativa de disputas– consideran el manejo de las  diferencias o la construcción de lo común  como opciones emergentes trascendiendo los diseños binarios ganar-perder. A la luz del contexto cultural de los nuevos paradigmas estas prácticas pueden considerarse como un conocimiento creciente de esta multiplicidad de perspectivas involucradas, que dan lugar a nuevas posibilidades integrativas que trascienden las diferencias, a recursos colaborativos, asociativos, participativos, transformativos,  apreciativos o generativos que producen aperturas inéditas a través del diálogo con el/os “otro/s”, con lo diverso. Los teóricos y profesionales de diferentes disciplinas contribuyeron con estos desarrollos. El construccionismo social y las prácticas sistémicas utilizan modelos no lineales para estas síntesis inéditas y la emergencia de posibilidades. Con un énfasis en la multidimensionalidad del diálogo, la creatividad y las oportunidades que ofrecen las diferencias, estas prácticas exploran la emergencia de alternativas a los conflictos y problemas, la creación de nuevas formas de relación que privilegian soluciones satisfactorias, como así también las innovaciones y el reconocimiento de los recursos, la apreciación de los valores comunes –aquello que permite la apertura de nuevos espacios sociales– mientras promueven la transformación tanto de las conversaciones como de quienes participan en el proceso.


Principios Epistemológicos de los Diálogos Generativos 
En suma, basados en los nuevos paradigmas, estos principios sostienen el concepto de diálogo generativo, sus metodologías y herramientas. Los diálogos generativos se entienden y trabajan como procesos emergentes (Fried Schnitman, 1994, 2000; Fried Schnitman y Schnitman, 2000a).  A continuación incluimos una síntesis de los principios epistemológicos que sustentan este posicionamiento:
Construcción social del conocimiento, la inteligibilidad y el sentido. Todo recorte de la realidad significativa depende de los actores sociales y de las conversaciones y coordinaciones que ellos sostienen. Una característica de los diálogos generativos y sus herramientas es trabajar con conceptos vinculados con la construcción social de la realidad.  
Orden, desorden y procesos de auto-organización. Los diálogos generativos prestan particular atención a las fluctuaciones y variaciones, y su potencialidad para generar nuevas alternativas o para recuperar y reciclar lo existente. Proveen herramientas con el propósito de desarrollar una mirada apreciativa de lo diverso (Fried Schnitman y Schnitman, 2000d).
Complejidad. La noción de complejidad nos permite trascender visiones unidimensionales y hegemónicas; nos orienta a trabajar con la complejidad, es decir con la multiplicidad y diversidad de diálogos y contextos como fuentes potenciales de innovación. Los diálogos generativos proveen herramientas para trabajar con la complejidad y para apreciar las diferentes y variadas formas de abordaje. 
Estrategia compleja. Los diálogos generativos trabajan con la noción de estrategia compleja, a diferencia de la estrategia lineal que caracterizó la Modernidad. Entendemos a la estrategia compleja como  la capacidad de sostener el rumbo en condiciones cambiantes. El rumbo está marcado por los propósitos que animan a los actores sociales. Los diálogos generativos  están orientados por  la organización del proceso mismo para la recuperación de recursos o soluciones,  o la producción de lo inédito. 
Eco-auto-organización y auto-eco-organización de los sistemas. Los diálogos generativos operan con la relación entre  las personas que componen los diferentes sistemas y sus múltiples contextos, en un vínculo recíprocamente indisoluble. La unidad de análisis es de tipo subjetivo-relacional-contextual.  
Subjetividad y relaciones como procesos complejos. Los diálogos generativos trascienden la visión esencialista y entitaria de las personas, relaciones, sistemas y organizaciones. En este sentido trascienden los límites convencionales de unidades tales como persona, familia, sistema, etcétera. 
Dimensión estética. Sostiene que la creatividad atraviesa todas las esferas del accionar humano. Los diálogos generativos  se apoyan en la capacidad generativa y creativa para encontrar y/o recuperar acciones y síntesis de significados, visiones y versiones inéditas en los diálogos entre personas. La  búsqueda de la capacidad generativa y creativa de las personas es una actitud permanente. 
Pro-actividad de las personas. La construcción social de la persona en la Modernidad no necesariamente incluye un sujeto proactivo y participativo en la construcción de sus realidades, y no necesariamente desarrolla las capacidades y competencias necesarias. El modelo generativo desarrolla la indagación generativa y la reflexividad sobre los distintos tipos de saberes con los que las personas cuentan para incluirse reflexiva y proactivamente.
Multidimensionalidad de los sistemas. Entiende a las personas, relaciones, sistemas u organizaciones como multidimensionales. Los diálogos generativos proponen herramientas para utilizar esta multidimensionalidad para favorecer procesos creativos y de innovación. 

Identidades y recursos emergentes.
Los diálogos generativos entienden la identidad y los recursos de las personas como procesos emergentes siempre capaces de trascender los límites de las relaciones, conversaciones, acciones y formas de vida existentes hasta ese momento, y ofrecen herramientas para ello.
La curiosidad, la reflexividad y la capacidad de innovación como posiciones epistemológicas caracterizan a los diálogos generativos y sus recursos. Éstos son algunos de los principios que permiten trascender la noción de gestión del conflicto y avanzar la temática hacia la construcción de lo común, la creatividad social que se expresa en  nuevas formas de relación, nuevas versiones y visiones, y nuevas formas de vida de las personas. Proponen  un nuevo marco teórico para el manejo de conflictos y la construcción de posibilidades a partir de aquello que resulta consensuado como valioso y significativo por los participantes.
Libertades que caracterizan a los Enfoques Generativos
Los diálogos generativos trabajan sobre micro procesos y flujos de conversaciones que promueven libertades en diferentes áreas.  Son recursos conversacionales, destrezas generativas y capacidades de visualizar el  futuro que pueden integrarse a diversos enfoques y procesos. Algunas de estas libertades son compartidas por los modelos apreciativos tal como fueron trabajados por especialistas en indagación apreciativa (Cooperrider, 1990; Cooperrider et al., 2005; Whitney y Trosten-Bloom, 2003).
– Participar proactivamente en la generación de posibilidades y alternativas.
– Crear y construir un futuro a partir del presente.
– Reconstruirse, recuperar y reconstruir las relaciones de maneras innovadoras, produciendo posibilidades, identidades y relaciones emergentes.
– Reconocer la diversidad en lo aparentemente habitual y regular, reciclar o innovar; construir relaciones asociativas o colaborativas.
– Colaborar, expresarse, recuperar recursos implícitos, escuchar lo dicho y expandirlo, ser escuchado, construir conjuntamente, compartir. 
– Reconocer valores y recursos como motores comunes.

Principios de los Diálogos Generativos
Enunciaremos brevemente algunos de los principios compartidos por los modelos generativos –que se focalizan en la innovación– y los apreciativos –que recuperan los recursos de las personas a partir del reconocimiento de los valores existentes.
Principio construccionista. Como hemos planteado, la construcción de significados recorta el mundo, y éste puede transformarse tanto como las circunstancias lo requieran. Se trata de una relación indisoluble de la conversación con las condiciones locales en el espacio y en el tiempo, y en las tradiciones culturales.
Principio de simultaneidad. Presente y futuro se construyen simultáneamente.
Principio estético y poético. Es posible crear y también metafóricamente rescribir, reelaborar, reformular en la manera que utilizamos para abordar el presente. En el principio estético se acentúa la dimensión creativa, en el poético la transformativa.
Principio anticipatorio. La forma en que se aborda  el presente –es decir, la forma en que se pregunta o se participa– tiene el potencial de construir un futuro. 
Principio positivo. Ambos abordajes trabajan con los recursos y la participación de los actores sociales  porque entienden que  ellos pueden recrear proactivamente las condiciones de sus vidas, organizaciones, comunidades, etcétera.

Diálogos Generativos: desde los problemas a la creatividad
Los diálogos generativos se constituyen mediante dispositivos teóricos y prácticos para facilitar la emergencia de posibilidades  en el diálogo (Fried Schnitman, 2002b; Fried Schnitman y Schnitman, 2000b-c). El diálogo generativo expande las habilidades de los participantes para reconocer tanto aquello que han hecho bien como sus recursos. Este proceso involucra un posicionamiento ético basado en la coparticipación colaborativa de quienes están involucrados y tiene la potencialidad de movernos más allá de los límites de lo que pensamos, decimos o hacemos mediante la expansión de las formas de vida que hemos conformado. 
Los profesionales facilitamos el diálogo generativo a través de la utilización de la conversación y el lenguaje como medios  de conexión, innovación y coordinación de acciones. Este proceso es transformativo porque los participantes pueden reflexionar acerca de sí mismos, del proceso y sus resultados, y esto hace una diferencia en sus acciones futuras. Restablece una escena de personas con una relación como sujetos que pueden ejercitar su capacidad de aprender e innovar a efectos de manejar los diferentes problemas que la vida les  presenta. Y habilita al profesional para reconocer y colaborar en la selección de alternativas.  

Posición del Profesional
En el diálogo generativo el lugar del profesional es el de facilitador de un proceso que provee de nuevas posibilidades para la acción y la interacción. Para comenzar este proceso me pregunto cómo puedo invitar y facilitar que los participantes:
– dialoguen con su propia experiencia,
– elaboren, investiguen y expandan las nuevas posibilidades,
– reflexionen acerca de  las agendas existentes (personales y comunes) y las posibles delineadas por las posibilidades emergentes,
– hablen con el otro, en tanto cada uno habla por sí mismo, acerca de las posibilidades emergentes,
– busquen intereses compartidos en las posibilidades emergentes,
– expresen sus incertidumbres, áreas grises, dilemas y dudas relacionados con esas posibilidades,
– investiguen perspectivas que transformen la manera de  expresarse de cada persona, su visión acerca del conflicto y el marco compartido en el que consideran y formulan las diferencias y convergencias,
– elaboren coordinaciones posibles sin desestimar las diferencias,
– puedan encontrar un curso productivo para la conversación.
La autora de formula estos interrogantes en el curso de la consulta para focalizar su atención en la calidad del proceso.

Investigación en acción
En los diálogo generativos, los profesionales y consultantes desempeñan roles diferentes a los que tienen en una consulta tradicional. Quienes participan –profesionales y consultantes– lo hacen como miembros de un equipo colaborativo (Fried Schnitman, 1999; Fried Schnitman y Schnitman, 2000b-c) que aprende desde sus propios procesos e interacciones. Ese equipo puede incluir otras personas significativas en la vida del/os consultante/s como así también otros profesionales, deviniendo en una comunidad capaz de explorar las convergencias y divergencias, de utilizar la diversidad y el conflicto para desarrollar recursos y crear posibilidades. En esencia, el equipo se comporta como un "espacio de trabajo” que explora soluciones a los problemas presentes. Los miembros del equipo realizan investigación en acción a efectos de comprender mejor el espectro de alternativas disponibles y los nuevos recursos que cada uno de ellos aporta. En este proceso, los participantes revisan sus experiencias previas y seleccionan qué les ha resultado útil y qué puede ser “reciclado” o transformado. Éste es un proceso reflexivo en el que todos los participantes consideran ¿qué está sucediendo?, ¿cuáles son las oportunidades disponibles?, ¿qué procedimiento es adecuado y qué desea cada uno para sí y para los otros involucrados? Tanto en  la consulta como entre consultas, los participantes pueden experimentar con las ideas que emergen desde el diálogo, ejercitando las nuevas posibilidades y herramientas.  Los participantes en este tipo de proceso habilitan a cada uno de los otros participantes, como capaces de generar opciones, aprender nuevas habilidades, seleccionar sus objetivos y avanzar hacia ellos. Así, las personas pueden reconocer, evaluar y modificar las posibilidades de diferentes maneras: pueden revisar sus respuestas y la selección de alternativas consideradas,  reconocer las innovaciones,  evaluar su adecuación a los contextos, reconocer las oportunidades que cada una ofrece, revisar sus opciones conjuntamente y los criterios para seleccionar unas por sobre otras,  como también examinar el proceso con que las construyeron y los requerimientos de su implementación. A través de este proceso reflexivo los participantes identifican los propósitos y valores que organizan sus percepciones, acciones y mediante este aprendizaje, pueden transformarse a sí mismos y sus circunstancias.

Preguntas Generativas
Las preguntas generativas –una de las herramientas generativas– abren espacios e identifican las nuevas posibilidades de acción y el proceso por el cual los participantes reconocen su propia capacidad y la de los otros para construir alternativas. Tienen numerosos objetivos, incluyendo la facilitación y reconocimiento de nuevas posibilidades, la expansión de las habilidades de los participantes para reconocer lo novedoso, la invitación a los participantes  a identificar los ciclos generativos y reflexionar sobre ellos y sobre la participación de cada uno en la construcción de alternativas. Por ejemplo, cuando un consultante describe un evento o una conducta nueva o inusual, el profesional formula preguntas del tipo de las siguientes:
¿Qué nuevas posibilidades tuvieron lugar? 
¿Cómo contribuyen esas posibilidades a la comprensión y el desarrollo de la situación presente? 
¿Qué posibilidades para nuevas acciones ofrece lo que ha ocurrido? 
Si estas posibilidades se incorporaran a su vida cotidiana/comunitaria/laboral, ¿qué cambios podrían producir?
¿Cómo impactan –o podrían impactar– las nuevas posibilidades en el problema actual? 
¿Qué podrían significar a futuro? ¿ cómo imagina el futuro?
Desde esa perspectiva, ¿cómo podrían expandirse los intereses personales y compartidos? 
En el curso de este proceso, ¿qué despierta su curiosidad y lo invita a profundizar la exploración? 
¿Cuáles son sus interrogantes, dudas e incertidumbres?
Además de expandir las posibilidades, las preguntas generativas consideran el entramado relacional donde se construyen y disuelven los problemas. Estas preguntas pueden incluir:
¿Qué escuchó decir al otro? ¿Cómo imagina que se siente el otro? 
¿Él/la propuso algo novedoso para usted? ¿De la situación surgió una posibilidad novedosa?
¿Qué encuentra de diferente en la  posición del otro en relación con las posiciones previas? 
¿De qué manera se sintió escuchado?
¿En qué situaciones nuevas puede verse involucrado?
¿Cómo podrían beneficiar a todos los participantes las nuevas posibilidades y la comprensión mutua? ¿Qué otras personas se beneficiarían y cómo? 
¿De qué nuevas formas podrían conversar entre ustedes y con otros? 
¿Cómo podría cada participante específicamente involucrarse en la construcción de posibilidades? ¿De qué otra manera podría él/la hacerlo? 
¿Qué podría facilitar un cambio favorable en la relación entre ustedes? ¿Cómo podrían implementarse  esos cambios?
Las preguntas generativas también pueden utilizarse para identificar el conocimiento implícito de los participantes. A través del reconocimiento de qué saben y qué no saben acerca de sus problemas, diferencias y/o soluciones posibles, los participantes crean plataformas para el cambio. Por ejemplo, el saber cómo  es generalmente un tipo de conocimiento implícito en una acción; nosotros “sabemos hacer” sin pensar acerca del conocimiento involucrado. Este conocimiento implícito puede hacerse explícito mediante preguntas generativas que incorporen descripciones y reflexiones sobre una acción dada, entendiendo a los diálogos como acciones. Son ejemplos de preguntas generativas sobre ese conocimiento:
¿Qué identifica o reconoce como sin precedente en esta situación?
¿De qué nuevas habilidades dispone? ¿Cómo se originaron? 
¿Cómo reconoció los nuevos desarrollos, posibilidades y perspectivas? ¿Qué oportunidades abrieron? ¿Cómo podrían ser implementados? ¿De qué manera podrían usted y los demás contribuir a su implementación y mantenimiento? 
¿Qué nueva dirección/acción propone? ¿Cómo la describiría? Si fuera implementada, ¿qué posibilidades para la acción podría abrir? ¿Cómo se conecta con la/s otra/s acción/es propuesta/s?
¿Cuán bien/Con qué claridad considera que pudo transmitir aquello que sería importante para usted? ¿Cuán bien/Con qué fidelidad considera que escuchó aquello que expresó/aron el/os otro/s? ¿Cuán bien puede escuchar lo importante para otro/s?
¿Cómo podría escucharlo o considerarlo si contemplara aspectos que no ha podido considerar hasta ahora?
¿Se sorprendió por alguna de sus acciones en una situación?
¿Le interesaría cambiar el futuro? ¿Qué le gustaría que sucediera? ¿Qué tendría que hacer cada uno de ustedes para que eso fuera posible?

El diálogo generativo como ética-en-acción
La propuesta de la perspectiva generativa también se relaciona con la ética. Silvia Rivera, una filósofa argentina que investiga la relación entre el lenguaje y la ética en la obra de Wittgenstein, provee de bases para este trabajo. Rivera (2001) sugiere que aunque el Tractatus (Wittgenstein, 1979 citado por Rivera) está más conectado con el análisis del lenguaje, puede ser considerado como un libro sobre ética. Según Rivera, en el  Tractatus, Wittgenstein sostiene que no podemos  hablar acerca de la ética, sólo podemos ejercitarla examinando los supuestos inherentes en los límites del lenguaje que usamos. Wittgenstein retoma más tarde el tópico de la ética en  Investigaciones filosóficas (Wittgenstein, 1988 citado por Rivera) donde propone que participamos en múltiples juegos de lenguaje entrelazados: diferentes, complejos y conectados a través de tramas de palabras y acciones. Estos juegos tienen una fuerza constitutiva que plasma la forma de la vida de relación en la que participamos.   La ética deviene entonces un ejercicio constante de reflexión acerca de cómo construimos sentido, cómo nos relacionamos y cómo exploramos nuevos espacios relacionales para recrear significados. Emergen  nuevas formas de coordinación de acciones e inteligibilidades a través de la resignificación de nuestras formas de vida. Las resignificaciones son la tarea de sujetos en relación, evolucionando juntos. El lenguaje, las acciones y las relaciones están entretejidos y corporizados en juegos relacionales que son constitutivos de nuestras vidas; estos juegos tanto nos limitan como nos abren posibilidades.
“Llamaré también ‘juego de lenguaje’ al todo formado por el lenguaje y las acciones con las que está entretejido” (Wittgenstein, 1988, p. 25).11
Rivera propone, entonces, que  la ética es un ejercicio constante de indagación que provee de los límites de nuestra descripción del mundo y las acciones que resultan posibles. Precisamente esta ética-en-acción nos permite trabajar en los límites del lenguaje que usamos, las acciones que resultan posibles y la manera en que vivimos nuestras vidas. Mediante la exploración de los límites de nuestros juegos de lenguaje también podemos reconocer nuestras responsabilidades relacionales, su producción, sostenimiento y revisión. Si establecemos una posición generativa, podemos diseñar nuevos juegos, trascender sus límites y explorar nuevas posibilidades, transformarnos, constituirnos como sujeto emergentes. Participamos en diversos juegos, a veces simultáneamente. Esta diversidad conforma  un reservorio de recursos para innovar, recrear, revisar y expandir. Hacemos elecciones cuando nos involucramos en conversaciones, cuando respondemos, cuando  estamos disponibles o no para recibir y responder las expresiones de otros, y cuando contamos nuestras historias. 
Dado que la tarea profesional es, esencialmente, un juego de lenguaje, es en estas acciones donde participamos generativamente. El profesional necesita estar atento a qué propone en la conversación, qué juego abre y cómo son recibidas sus propuestas.

Procedimientos Generativos
Los procesos generativos abren senderos posibles entre imposibilidades que conectan lo existente de manera inesperada o descubren lo inesperado en lo existente. Como hemos planteado (Fried Schnitman y Schnitman, 2000d), el significado del concepto generativo de mediar o negociar implica una creación donde nuevas formas se ordenan, coexisten y transforman en sintaxis inesperadas (Deleuze, 1995). Si bien el concepto de mediación alude a una metodología específica, en la perspectiva generativa lo expandimos hacia un dispositivo dialógico que sustenta diferentes procedimientos y metodologías.
La creatividad, una característica de los contextos generativos, permite a las personas posicionarse activamente frente al conflicto y reflexionar acerca de cómo desean o visualizan que una posibilidad que aún no es comience a ser. Las personas interrogan y se interrogan, crean y nutren la posibilidad con sus aspiraciones, logros, imaginación y experimentación; hay una comunidad que indaga las diferencias como una oportunidad, considera opciones, participa, delibera y decide responsablemente. En esta sección presentamos un conjunto de procedimientos generativos para la gestión de conflictos y la generación de recursos en diferentes contextos. Estos procedimientos se distinguen por sus abordajes, participantes, propósitos y los procesos que ponen en acción. La distinción que proponemos a continuación caracteriza cuatro tipos de procedimientos que no son excluyentes de otros diseños posibles. 

Habilidades y Destrezas Comunicativas Generativas
En los distintos procedimientos generativos  el énfasis se ubica en las habilidades del profesional como facilitador de la conversación entre los participantes, como capacitador en el uso de las mismas, como un sintetizador de recursos en la organización de ecologías sociales, o como un experto en habilidades comunicacionales y procesos grupales a partir  de los cuales se puedan producir innovaciones. En todos estos procedimientos se pueden producir conversaciones novedosas, nuevos procesos de participación y síntesis inéditas.  Cuando se trabaja con procedimientos generativos las innovaciones no sólo se descubren sino que pueden construirse activamente, reconociendo las posibilidades existentes en nuevas combinaciones y maneras alternativas de ver la realidad. Se transforman también las ideas centrales sobre la gestión de conflictos y el cambio en sistemas humanos, girando el foco:
1. desde  la resolución de problemas hacia el reconocimiento de aquello que funciona bien
2. desde el conflicto hacia aspectos positivos, los recursos y expectativas como fuente de nuevas oportunidades de cambio;
3. desde la situación problemática en el presente hacia la capacidad de construir el presente a partir del futuro proyectado/deseado.
Estos procedimientos integran el valor pragmático con la capacidad generativa y transformadora, restauran a las personas  como activos co-constructores de sus realidades. Proveen perspectivas renovadas para la participación de los actores sociales, para incrementar su capacidad de iniciar acciones novedosas, para actuar como protagonistas al afrontar y resolver conflictos y dilemas en sus vidas, como así también para formular nuevas y mejores narraciones acerca de los sistemas que conforman, y de su propio lugar en ellos. Expanden también el lugar y la  perspectiva del profesional, invitándolo a interesantes reflexiones sobre la práctica. En este proceso, el campo conversacional mismo deviene generativo, permitiendo esbozar un repertorio de intervenciones para trabajar con procesos emergentes, transformando problemas en posibilidades y expandiendo los recursos.
La capacidad generativa del diálogo ofrece  posibilidades no anticipadas, transforma potencialidades en nuevas realidades existenciales y acerca la experiencia de gestión de conflictos al carácter abierto y siempre incompleto del aprendizaje y la creatividad social. ¿Qué monitorea el profesional?
Precisamente el proceso de transformación de las conversaciones, la recuperación y generación de recursos, una consideración más rica y efectiva de las posibilidades, el desarrollo de vínculos sociales de afrontamiento, la puesta en acto de soluciones y caminos viables, y su implementación y evaluación. Estará atento a los episodios de cambio y a los de estancamiento, guiado por la construcción de un futuro acorde a los propósitos de los participantes y los problemas a considerar. 

3. PRÁCTICA-TEORIA. Conversación- Enfoque Generativo con Estudiantes de Trabajo Social del 1er Conversatorio Regional (NOA-2012)

En este ítem presentamos las creaciones dialogales de los protagonistas en los distintos “conversatorios” grupales, en sintonía con el enfoque generativo, donde los lectores podrán visualizar la co-relación dinámica práctica-teoría. Para ello registramos las expresiones de los estudiantes de Trabajo Social, identificamos las recurrencias y construimos las categorías que presentamos a modo de construcciones.

 3.1. Conversación: comunicación e intercambio.
“Intercambios de ideas, sentimientos y experiencias”
“Se comunica no solo con la palabra sino también con los gestos”
“Es un lugar, un espacio sin tanta estructura, donde se puede intercambiar diferentes realidades, ideas, emociones y pensamientos que nos ayuden y sirven para conocernos y poder identificarnos”
“Intercambiar ideas de la realidad”
“Permite una retroalimentación”
“Comunicarnos para compartir ideas”

Los protagonistas visualizaron, vivieron y significaron “la conversación” como un espacio y tiempo de intercambio y comunicación de ideas, palabras, gestos sentimientos y emociones, experiencias. Un tiempo para comunicarse, retroalimentarse, conocerse y conocer realidades diferentes.
Humberto Maturana (1988) en su capítulo Ontología del conversar, nos dice que “vivimos una cultura que contrapone emoción y razón como si se tratasen de dimensiones antagónicas del espacio psíquico; hablamos como si lo emocional negase lo racional y decimos que lo racional define a lo humano. Al mismo tiempo, sabemos que cuando negamos nuestras emociones, generamos un sufrimiento en nosotros mismos  o en  los demás, que ninguna razón puede disolver. Por último, cuando estamos en algún desacuerdo, también decimos (aún en el fragor del enojo) que debemos resolver nuestras diferencias “conversando” y de hecho, si logramos conversar, las emociones cambian y el desacuerdo se desvanece o se transforma con o sin lucha en una “discrepancia respetable”.
¿Qué ocurre? Pienso que aún cuando lo relacional nos diferencie de otros animales, lo humano se constituye, cuando surge el lenguaje en el linaje homínido al que pertenecemos, en la conservación como un modo particular de vivir el entrelazamiento de lo emocional y racional que aparece expresado en nuestra habilidad de resolver nuestras diferencias emocionales y racionales conversando. Es debido a esto que considero que es central para la comprensión de lo humano, tanto en la salud como en el sufrimiento psíquico o somático, entender la participación del lenguaje y de las emociones en lo que en la vida cotidiana connotamos con la palabra conversar.
La palabra conversar proviene de la unión de dos raíces latinas, cum quiere decir “con”, y versare que quiere decir “dar vueltas”, de modo que conversar en su origen significa “dar vueltas con” otro. Es por esto que en su artículo la pregunta que se hace Maturana es ¿qué ocurre en el dar vueltas juntos de los que conversan, y qué pasa allí con las emociones, el lenguaje y la razón? El lenguaje como fenómeno biológico consiste en un fluir en interacciones recurrentes que constituyen un sistema de coordinaciones conductuales consensuales (Maturana, 1978, 1998)
De esto resulta que el lenguaje como proceso, no tiene lugar en el cuerpo (sistema nervioso) de los participantes en él, sino que en el espacio de coordinación conductuales consensuales que se constituye en el fluir de sus encuentros corporales recurrentes. Ninguna conducta, ningún gesto o postura corporal particular, constituye por sí solo un elemento del lenguaje, sino que es parte de él sólo en la medida en que pertenece a un fluir recursivo de coordinaciones conductuales consensuales.
Dicho de otro modo, las palabras constituyen operaciones en el dominio de existencia como seres vivos de los que participan en el lenguaje que, como resultan en que el fluir de cambios corporales, posturas y emociones de éstos tiene que ver con el contenido de su lenguajear. En suma lo que hacemos en nuestro lenguajear tiene sus consecuencias en nuestra dinámica corporal, y lo que pasa en nuestra dinámica corporal tiene  consecuencias en nuestro lenguajear.
Natalio Kisnerman (1999) en su “Reunión de Conjurados” desarrolla con supuestos lectores  diferentes conversaciones sobre temas relacionados con la supervisión en Trabajo Social. El nos sumerge de alguna manera en el conversar, que “etimológicamente, viene de cum, con, versare, dar vueltas. Reflexionar  es justamente conversar con uno mismo o con otros. Sócrates lo hacía  con sus discípulos, caminando Atenas. Nosotros al elegir el estilo conversacional, lo hacemos con un supuesto lector, ese que puede ser cualquiera de ustedes y con el que nos gustaría, en realidad seguir dialogando”  (Kisnerman, 1999, p.8)

3.2. Conversación: Indagación compartida, conocimiento y aprendizaje.

“Conocer las realidades de los demás, relacionarse y aprender del otro”
“Permite conocer realidades distintas, desde el trabajo conjunto”
“Concientizar, construir conocimientos  de ese conversar”
“Nos enseña a escuchar-nos”
“Aprender del otro, con el otro”
“Forma de aprender conjunta y dinámica”
“Transmite conocimiento”
“Permite ver aspectos negativos y positivos”
“Permite un crecimiento compartido”
“Tiene un método”

“Conversar”, “la conversación”  según estas  expresiones de los estudiantes de trabajo social-protagonistas, ofreció la posibilidad de llevar adelante una “indagación compartida” preguntarse juntos, visualizar diferentes respuestas, transmitirse conocimientos, narrar experiencias visualizando aspectos positivos y negativos (autoevaluaciones), escucharse mutuamente. Todo ello en el transcurso de un proceso intencionado.
Anderson (1997, p.22) cree que la conversación- en la terapia, en la enseñanza, en una consulta empresaria, en el trabajo social- promueve el coraje y las capacidades en las personas para moverse entre las cosas y los sucesos del mundo, de tener una perspectiva clara, de generar y producir. Lo permite un tipo especial de conversación -un diálogo fraterno diría Natalio Kisnerman (2005) y un terapeuta (trabajador social, educador, etc.)  que tenga la capacidad  de crear un tiempo y espacio dialógico,  y genere un proceso dialógico-una postura filosófica.
Es imposible definir unívocamente la conversación, porque no existe como cosa en sí misma (Searle, 1992) Cada conversación “va siendo”, se va construyendo momento a momento y es ideosincrásica para su contexto, sus constructores y sus circunstancias.
Anderson (1997, p.157) identifica de todos modos, rasgos básicos de la conversación:
  1. Los participantes (conversantes para nosotros) entran en una conversación con un marco de referencia que incluye lo que traen de su vida cotidiana (nosotros consideramos, identidad,  historia y cultura)
  2. Cada conversación ocurren en un contexto local (lo mas inmediatamente interpersonal) o universal (cultural, social, histórico)
  3. Cada conversación está engarzada en…, se convierte en parte de…, influye y es influida por multitudes de otras conversaciones pasadas y futuras. Una conversación no es un suceso aislado.
  4. Cada conversación tiene un propósito, expectativas e intenciones, a las que contribuyen todos los participantes. (Nosotros creemos que estas intenciones no son rígidas, sino que van cambiando en el acontecer conversacional)
  5. Toda conversación  en voz alta entre participantes incluye conversaciones silenciosas, internas a cada participante.
Anderson (1997, p.158) reflexiona que si bien estas características pueden aplicarse a diferentes tipos de conversaciones, es necesario diferenciar dos clases de conversación cuyas diferencias resultan útiles para comprender  el potencial transformador de la conversación en general y la conversación terapéutica en particular; las conversaciones donde emergen sentidos nuevos, y conversaciones donde los nuevos sentidos no tienen oportunidad (monológicas).
Las primeras serían las conversaciones dialógicas, sostenidas desde la indagación compartida (continuo intercambio y discusión de ideas, opiniones, preferencias, recuerdos, observaciones, sensaciones, emociones, etc.) La indagación compartida es un proceso de participación conjunta, de ida-vuelta,  de dar y recibir (Anderson y Goolishian, 1988b, Anderson y Goolishian, 1987a), un aprender con otros. Es propia de una conversación donde uno habla con el otro, más que al otro. El lenguaje cobra vida en la medida en que los participantes se envuelven en un genuino intercambio de puntos de vista, para poder comprender las cuestiones en discusión y alcanzar un objetivo individual o colectivo  (Gadamer, 1975)
Por otro lado nos encontramos con el monólogo o conversaciones monológicas  donde los participantes no se ofrecen  la oportunidad de “estar” en conversación. No hay apertura al otro. “Una perspectiva reina, y la realidad se cierra” (Goolishian y Anderson, 1987a, p. 532). No hay espacio para la indagación compartida, sino solo para las perspectivas singulares; la novedad no es posible (Anderson, 1987a) y se produciría el colapso del diálogo, la ruptura de la conversación, imposibilidad de nuevas construcciones, de nuevos aprendizajes. 
Esta ruptura  se genera porque nuestras “tradiciones de intercambio” se basan en la existencia de una verdad única, una lógica universal, o el ganar o perder, el mayor o menor es la tradición de la culpa individual que  sabotea el proceso de diálogo transformador, pues  polariza el antagonismo y fomenta la inculpación mutua/culpación recíproca, demonizando al que discrepa con nosotros. (Gergen, 2008, p.54)

3.3. Conversación: construcción y generación de posibilidades futuras

“Abrir la visión de las prácticas”
“Despejar dudas”
“Resolver incertidumbre, debilidades, problemas y sus soluciones alternativas”
“Abre posibilidades, oportunidades de crear, genera nuevas ideas”
“Se ven mejor los caminos a seguir, cuando conversamos…”
“Permite llegar a algún lado, permite avanzar con las propuestas”
“Tucumán hará el próximo conversatorio 2013, porque consideramos un espacio y tiempo valioso para nosotros, los estudiantes”

Las posibilidades que abre la conversación o el conversar, son inimaginables, al menos para nosotros que sistematizamos estas expresiones: despejar dudas, ampliar visiones, visualizar futuros campos de maniobra, metas y objetivos, conversación es acción.
Algunas conversaciones aumentan las posibilidades, otras las disminuyen. Cuando las posibilidades aumentan, tenemos una sensación de acción creadora, una sensación de que podemos encarar lo que nos preocupa o nos perturba (nuestros dilemas, problemas, dolores y frustraciones) y lograr lo que deseamos (nuestras ambiciones, esperanzas, intenciones, acciones (Anderson, 1997, p.21)
El filósofo Ludwig Wittgenstein llamó a esta posibilidad y a su actualización “un cambio de aspecto”, una forma distinta de comprender las cosas, que a su vez  implica “un cambio de vida”, significa “una apelación al coraje de cambiar la propia vida”  (Citado por Van der Merwe y Voestermens, 1995, p.43) El comprender es un comprender práctico, desde adentro. Interesado por cómo nos relacionamos y respondemos los unos a los otros en nuestra vida cotidiana. Wittgenstein señaló que vivimos en un mundo más de sucesos que de cosas. Nos instó  a movernos entre las cosas y los sucesos en el mundo, en lugar de tratar de delinear sus rasgos esenciales o de describirlos con la exactitud de una definición (Van der Merwe y Voestermens, 1995, p.43) Trasladando este desafío a nuestros esfuerzos  en el campo del Trabajo Social nos preguntamos ¿Qué situaciones alientan o desalientan nuestras conversaciones sobre posibilidades?¿Qué importancia le otorgamos al lenguaje en nuestras conversaciones?¿Cómo pueden protagonizar supervisor-supervisados, indagaciones compartidas, de manera de actualizar posibilidades durante el proceso de práctica pre-profesional?
Usando las palabras del revolucionario psiquiatra noruego Tom Andersen
¿Cómo podemos hablar con otros y con nosotros mismos como nunca lo hemos hecho antes?
O siguiendo las sugerencias de Peggy Penn y Marilyn Frankfurt, en sus ensayos sobre escritura creativa ¿cómo hacemos para crear textos participantes donde se expresen los deseos mutuos? ¿cómo deseo que sean conmigo y como desean que sea yo, con ellos?
Podemos formular preguntas, también siguiendo orientaciones de la pionera terapeuta familiar Lynn Hoffman ¿Cómo transformar historias, sobre terapia, educación, trabajo social, comunicación  sin cometer los mismos pecados autoritarios que denunciamos?


3.4. Conversación: relación humana cotidiana

“Relacionarse cara a cara”
“La palabra de todos vale”
“Se aprende a respetar espacios y tiempos”
“Nace el espíritu de poder compartir, ayudarse mutuamente”
“Agradecimiento mutuo”
“Resignifica el “escucharnos”
“Marca cierta lejanía de la rigurosidad científica y entra en lo humano”
“La palabra a nivel local le da importancia a la regionalidad…”

La conversación es uno de los aspectos más importantes de la vida. Mantenemos una conversación constante con los otros y con nosotros mismos. A través de la conversación formamos y reformamos nuestras experiencias vitales; creamos y recreamos nuestra manera de dar sentido y entender; construimos y reconstruimos nuestras realidades y a nosotros mismos.
Los estudiantes rescatan del momento y espacio conversacional: valores y recursos de la vida cotidiana: relación cara a cara, valor de nuestra palabra y del acto de escuchar, respeto, gratitud.
Conversar es algo más que hablar. En su sentido más pleno, es la esencia misma de nuestra existencia. Para Rom, Harré (1983, p.58), “la realidad humana primordial es la persona en conversación” Shotter (1993, p.62) expresa “La vida es naturalmente dialógica. Vivir significa participar en diálogos: hacer preguntas, escuchar, responder, estar de acuerdo, y así sucesivamente. Cabe esperar que a las personas a quienes esta posibilidad les es negada, se sientan como mínimo, humilladas y enojadas”
Kisnerman también cita palabras de Humberto Maturana (1988) quien afirma que en “el conversar construimos nuestra realidad con el otro, que el conversar es un modo particular de vivir juntos, coordinando el hacer y el emocionarnos. Es por ello que el conversar es constructor de realidades”. Es en ese espacio relacional donde  uno puede vivir en la exigencia o en la armonía con los otros. O se vive  en el bienestar estético de una convivencia  armónica o en el sufrimiento de la exigencia negadora continua. Ya Kierkegaard había señalado que la vida es una conversación, nuestras vidas son conversaciones. Maturana también lo dice “una comunidad humana está constituida como una red de conversaciones” (1992, pp.22-25)
En este sentido y  a modo de pistas en el tema, Shotter cita  en sus epígrafes lo siguiente
“la realidad humana primaria, son personas en conversación” Harre, 1983, p.58
“Fluye la conversación, la utilización y la interpretación de las palabras, y solo en su transcurso tienen significado”  Wittgenstein, 1981, nro.135
“La conversación entendida con suficiente amplitud, es la forma de las transacciones humanas en general”  MacIntyre, 1981, p.197
“Si consideramos el saber, no como posesión de una esencia que ha de ser descripta por los científicos o por los filósofos, sino más bien como un derecho a creer, según los criterios actuales estamos entonces bien encaminados para ver en la conversación el contexto último en el que debe entenderse el conocimiento”  (Rorty, 1980, p.389)


3.5. Diálogos generativos, libertad y protagonismo

“Participación, protagonismo, somos nosotros mismos”
“Tener el apoderamiento de lo que cada uno habla, somos los que hablamos, en libertad, sin miedos ni censuras ni vergüenza, ni miedos a que nos descalifiquen”
“Sentirse libres, sin que sea algo técnico exclusivamente”
“Compartir experiencias libres”
“Somos nosotros, sin restricciones”
“Conversar es sentirse en confianza, sin miedos, ser nosotros mismos”

Los diálogos generativos trabajan sobre micro procesos y flujos de conversaciones que promueven libertades en diferentes áreas.  Son recursos conversacionales, destrezas generativas y capacidades de visualizar el  futuro que pueden integrarse a diversos enfoques y procesos. Algunas de estas libertades son compartidas por los modelos apreciativos tal como fueron trabajados por especialistas en indagación apreciativa (Cooperrider, 1990; Cooperrider et al., 2005; Whitney y Trosten-Bloom, 2003).
– Participar proactivamente en la generación de posibilidades y alternativas.
– Crear y construir un futuro a partir del presente.
–Reconstruirse, recuperar y reconstruir las relaciones de maneras innovadoras, produciendo posibilidades, identidades y relaciones emergentes.
– Reconocer la diversidad en lo aparentemente habitual y regular, reciclar o innovar; construir relaciones asociativas o colaborativas.
– Colaborar, expresarse, recuperar recursos implícitos, escuchar lo dicho y expandirlo, ser escuchado, construir conjuntamente, compartir. 
– Reconocer valores y recursos como motores comunes
John Shotter en “Realidades Conversacionales” que dentro del construccionismo social ha dado voz a muchos temas y se ha dedicado a describir los rasgos decisivos del mundo o los mundos conversacionales dentro de los cuales reside nuestro ser. Pues la conversación no es sólo una  de las muchas actividades que desarrollamos en el  mundo. Por el contrario nos constituimos y constituimos nuestros mundos en la actividad conversacional. (Shotter, 1993, p. 9)
Durante nuestras experiencias en el campo de la salud comunitaria  (Equipo Jakasiña) ya veníamos repensando la conversación en nuestras interacciones frecuentes con los pobladores de los barrios, por considerarla acorde a nuestras concepciones de vida cotidiana y porque nuestro ejercicio profesional transcurría como nuestras vidas, en conversaciones permanentemente. La idea de conversación que tomamos, nos la aportaban por aquellos tiempos  la antropóloga Beatriz Kalinsky y el médico Wille Arrué (1996, p.41) refieren que “la idea de conversación es usada, a veces, por los antropólogos (Gudeman y Rivera, 1989) para dar a entender que las tramas de sentido van tomando cuerpo sólo a través del cotejo con los otros, en un doble movimiento: como ámbito de coincidencias, pero también como un campo de batalla, casi literal, aunque dando prioridad al diálogo pues, sin él, no hay conversación. No creemos que haya algo que por sí sea incomunicable. Sí hay condiciones que entorpecen o inhiben el diálogo. Pero las dificultades no están en ellas, sino en la naturaleza del clima emocional e ideológico que se haya creado”
Seguidamente los autores describen sus experiencias en salud comunitaria centrados de algún modo, en la conversación y en sus conversaciones; “Esta pintura de nuestros orígenes no ignora que el acto de comunicar no es sinónimo de coincidencias; comprender no es igual a compartir, ni aceptar tiene equivalencia con conceder. Es abrir los puntos de apoyo de nuestras categorías perceptuales y conceptuales. Pero éste ha sido un duro aprendizaje compartido que, todavía, avanza y retrocede. Todos juntos, quienes se fueron, quienes continuaron con otros caminos, quienes permanecen y quienes fueron llegando, tuvimos la oportunidad de confluir conversaciones dispares, anudarlas en algunos aspectos y desanudarlas en otros. Conversaciones omitidas pudieron recomenzar; otras estancadas vieron nuevos términos para replantearse; y otras, con muy diferentes ámbitos de problemas, pudieron hallarse más o menos comunes”.





BIBLIOGRAFIA
Anderson, Harlene (1997): Conversación, lenguaje y posibilidades. Un enfoque posmoderno de la psicoterapia. Buenos Aires, Amorrortu Editores
Gagneten, Mercedes (2010): Taller de Sistematización, En Jornadas Científicas del Instituto Superior Populorum Progressio-Intela, Jujuy.
Gergen, Kenneth (2005): Construir la realidad. El futuro de la Psicoterapia, Barcelona, Paidós.
Gergen, Kenneth – Mary Gergen (2011): Reflexiones sobre la Construcción Social, Buenos Aires, Paidós.
Hernández Aristu, Jesús (2001): La filosofía del diálogo como fundamento ético-ecológico en las profesiones de ayuda, en  Kisnerman, Natalio (2001) Ética, ¿un discurso o una práctica social? Buenos Aires, Paidós.

Ibáñez, Tomas (2012): La construcción social del socioconstruccionismo: retrospectiva y perspectivas, Universidad Complutense de Madrid.

Kalinsky, Beatriz y Arrué, Wille (1996): Claves antropológicas de la salud. El conocimiento en una realidad intercultural, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina.

Kisnerman, Natalio (1999): Reunión de conjurados. Conversaciones sobre supervisión, Buenos Aires, Lumen-Hvmanitas.

Kisnerman, Natalio (2001): Ética, ¿un discurso o una práctica social?, Buenos Aires, Paidós.
Kisnerman, Natalio (2005): Pensar el Trabajo Social. Una introducción desde el construccionismo,  Buenos Aires, Lumen-Hvmanitas.
Maturana, Humberto (2004): Desde la Biología a la Psicología, Buenos Aires, Lumen.
Ramos Gutierrez, Ricardo (2008): Temas para conversar, Barcelona, Gedisa.
Schnitman, Dora F (2008): Diálogos Generativos,  en  Rodríguez Fernández, Gabriela  (2008): Diálogos Apreciativos; El socioconstruccionismo en acción, Madrid, Dykinson.
Shotter, John (1993): Realidades conversacionales, La construcción de la vida a través del lenguaje, Buenos Aires, Amorrortu





[1] El presente artículo integra el Capítulo III del Documento: 1º CONVERSATORIO  REGIONAL DE ESTUDIANTES DE TRABAJO SOCIAL (NOA) “LA PRACTICA PRE-PROFESIONAL” Fortalezas y Debilidades, 8 y 9 DE JUNIO 2012. JUJUY-ARGENTINA. Centro de Estudios Jakasiña.


LA CO-VISION. Alternativa para la Capacitación en la Acción Comunitaria

LA CO-VISIÓN

Alternativa para la Capacitación en la Acción Comunitaria
Autoras: Melina Flores (MF), Erika A Ruiz (ER), Teresita Lascano (TL). Centro de Estudios Socioculturales y Acción Comunitaria Jakasiña
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Entrevista a Víctor Hugo Mamaní (VHM)



“El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones.  Haremos al hombre del siglo XXI; nosotros mismos nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica”
Ernesto “Che” Guevara

MF- Profesor, en muchos de sus trabajos escritos y compartiendo su ejercicio profesional comunitario lo hemos escuchado  referirse y realizar  acciones de Co-visión, nos podría decir en líneas generales ¿en qué consiste la Co-visión?
VHM-  En primer lugar quiero decirles que la co-visión  es una construcción a la que fuimos llegando desde nuestros casi diez años de trabajo comunitario, construcción inacabada por cierto. No es que inventamos el concepto en nuestras oficinas y después fuimos a “enchufarlo” a la comunidad o al trabajo de nuestros equipos y voluntarios, como sucede en muchas prácticas profesionales actuales. Para nosotros, el concepto se fue construyendo desde nuestra forma de operar con los pasantes, residentes y voluntarios que transitaron nuestros proyectos comunitarios desde el año 2002, insertos  ellos, en procesos de capacitación en terreno.  Fuimos mejorando y cambiando cada año. Es más, creo que en nuestros inicios, nosotros encaramos el proceso de formación en terreno comunitario, con el concepto de supervisión implícito en el modo de operar en nuestros equipos, allá por el 2003, pero este se fue cayendo a pedazos cuando la dinámica y las demandas de nuestros pasantes o residentes nos desbordaban. El concepto de supervisión no nos era operativo, pues la dinámica barrial nos exigía en la mayoría de los casos, modificar estrategias y procedimientos permanentemente. El trabajo comunitario, con familias y grupos es sin dudas apasionante, al menos así lo vivimos nosotros,  significa una opción profesional y un  enorme compromiso social. Este compromiso profesional de participar de las cotidianidades vecinales, habitar desde un enfoque ecosistémico sus sistemas relacionales  nos exponen diariamente  a interacciones teñidas de fuertes dosis de ansiedad, violencia, desorganización, desesperanza, etc. Por ello se hace necesario elaborar situaciones ansiógenas con nuestros compañeros de equipo, pasantes o residentes en un “aquí y ahora” y no en “mas tarde o después”, mucho menos después de dos o tres días, cuando el equipo se reunía con él o los super-visor/es, alejados de la realidad. Eran más las situaciones a trabajar en el momento que aquellas que podían esperar a una reunión formal del equipo,  días después. Es así como llegamos a desplegar acciones en el proceso formativo, alejados del concepto de supervisión, y más próximas a lo que hoy llamamos co-visión.
ER-  ¿Cómo  definiría entonces la Co-visión?
VHM-  Definirla no creo, pues considero que al definirla la estaría congelando,  se trata de una construcción inacabada, más que un macizo continente conceptual se trata de un archipiélago de ideas y de prácticas en constante cambio, siguiendo palabras de Kenneth Gergen. En el año 2006 decidimos dejar de utilizar el  concepto de supervisión, por no encontrarlo  en sintonía con nuestra estrategia teórica y metodológica para el trabajo comunitario. A grandes rasgos se trata de un proceso teórico-metodológico, que se despliega en dos ejes de acción: el ejercicio profesional por un lado y la formación  por el otro. A la vez que es una modalidad de abordaje, un dispositivo analizador compartido (crítico y reflexivo) del acontecer de la práctica comunitaria mientras ésta se va desplegando, desde una mirada holística. Se trata de un dispositivo facilitador, habilitador de nuevos aprendizajes, develador y co-constructor de indagaciones compartidas y  orientaciones situadas. Proceso dinámico de construcción de herramientas, estrategias, de acciones  entre el/los covisado/s y el/los co- visor/es mientras construyen respuestas equivalentes a los problemas emergentes durante la práctica compartida. Ambos co-visor y co-visados insertos y en sintonía con el movimiento comunitario.
TL- ¿Se trata de una construcción propia entonces o toma ideas o pensamientos de otros autores?
Propia no, se trata de una construcción compartida donde se conjugan experiencias de otros profesionales, aportes teórico de otras disciplinas y la propia experiencia comunitaria. En el año 2006, participé de un encuentro de intercambio de experiencias comunitarias en Santa Fe, estaba organizado por el Lic. Martín Olcese y la Lic. Marcela Dangelo, el co-visor era el Lic. Sebastián Bertucelli (Experto en Redes Comunitarias). Allí por primera vez escuché que se hablaba de co-visión, no llegué a conversarlo con Sebastián, pero me quedó  haciendo “ruido” esta modalidad de trabajo compartido. Después la fuimos construyendo entre quienes trabajaron y trabajan en nuestros equipos, hasta que encontramos en el año 2008 los aportes de  Susana y Hernán Kesselman (2008, p.24)  focalizados en el trabajo con grupos desde el corpodrama; se trata de un dispositivo analizador y productor de acción, una “supervisión psicodramática horizontal y grupal a través de la cual se intenta desentrañar las novelas que los profesionales de lo grupal (terapeutas, coordinadores de grupos, psicoterapeutas, operadores de salud mental) tienen de sí mismos y posibilitar recursos múltiples que los acompañen (a modo de repertorio de líneas de fuga) para ésas y otras escenas de su actividad
Luego encontramos el texto de Liliana Calvó (2009) que se refiere a la co-visión como una modalidad de entrenamiento profesional para el trabajo social con familias, en dicho texto se refiere a co-visar, como proceso formativo y como mirar de a dos, puede transformarse en intervisar, es decir mirar de a varios. Esta colega ofrece interesantes aportes en su texto que lo recomiendo. Diría que estas son las fuentes que como vieron, se ensamblan  dinámicamente  a nuestra experiencia y se integran a esta construcción, casi cuatro años después que nosotros comenzamos a utilizarlo.
ER- ¿Qué tipo de relación propone la co-visión?
Hablar de la relación entre los co-visores, exige un recorrido deconstructivo de lo que significamos por super-visión y co-visión, al menos en una primera aproximación, a saber que Super: significa que entra en la formación de palabras, significa, sobre o encima de… y denota preeminencia, grado o sumo exceso. Y Visión: acción y efecto de ver. Por lo tanto podemos  presentar a la supervisión como un proceso  de ver sobre… ver encima… ver con preeminencia y a la distancia, lo que denota una visión superior sobre otra inferior. Lo que implica entenderla  como una relación vertical entre sus protagonistas que son supervisor y supervisado; el supervisor es omnipotente, tiene autoridad, “está en cierto modo protegido y respaldado por la organización. El aporte del supervisor es cuantioso, en otras palabras, es el único que da sus conocimientos o experiencias, ayuda al supervisado a comprender, pero no a reflexionar ni criticar. El supervisado recibe, participa pasivamente como oyente y cumplidor, o ejecutor de órdenes o direcciones. La situación es, desde todo punto de vista, vertical el supervisor es omnipotente, tiene autoridad…, la posición de ambos, respecto a la clientela o al pueblo con el que trabaja, es la misma que la relación supervisor-supervisado”  en palabras de Charlotte Towle, (1954) en  Sheriff, 1976, 37-38)
Este discurso de la verticalidad en la relación supervisor-supervisado, en períodos históricos posteriores se  fue modificando con los nuevos aportes de las ciencias sociales. No obstante ello, consideramos que si bien el discurso se orienta hacia relaciones más horizontales, las prácticas de las que somos testigos cotidianamente, siguen manteniendo la impronta verticalista y a la distancia.
MF- Esto sería la relación que propone la Super-visión, y  la Co-visión?
En cuanto a la co-visión, en primer lugar tomaremos Co; como preposición  equivalente a con, y que indica unión o compañía. De este modo, consideramos a la co-visión como; ver con… ver de a dos, es decir hay un acto de visión compartido. Y no solo de visión, sino de acción, de trabajo compartido en el campo grupal, familiar y comunitario. Dicho proceso de co-visión  constituye un camino alternativo al proceso de supervisión pues presenta al co-visado y co-visor, como verdaderos protagonistas, responsables de la práctica que construyen y sistematizan colaborativamente. Y se busca que esa misma impronta  relacional colaborativa, el co-visor y el co-visado  reproduzcan en su relación con el pueblo.
TL- ¿No se trata de una cuestión solo conceptual profesor? Porque algunos hablan de supervisión como relación horizontal.
Puede que sí, el discurso ha ido cambiando respecto a lo que se pensaba décadas anteriores, hoy se presenta a la relación supervisor y supervisado de modo horizontal. De todos modos yo creo que plantear la horizontalidad relacional con una palabra que implica superioridad vertical de uno sobre otro, o que se ubica a alguien por encima de otro, constituye una gruesa contradicción de sentidos. Durante décadas se trabajó desde  y con la supervisión, siguiendo ciertas convenciones, acuerdos y consensos profesionales con sus respectivas modalidades de prácticas. Considero que el prefijo o adjetivo super  tuvo y tiene una influencia importante en las prácticas y  el modo de relación (superior-inferior, vacío-lleno) que se construyen  desde su uso y significación. Para los construccionistas existe una doble escucha: la que se refiere al contenido y la que tiene que ver con las consecuencias que se generan en las prácticas (Gergen, 2011, p.21) En el conversar construimos nuestra realidad con el otro. Se trata de un modo particular de vivir juntos coordinando el hacer y el emocionar, por eso el conversar es constructor de realidades. En este sentido es inevitable citar a Kenneth Gergen (2011, p.9) “Es decir, la creación de significados mediante el trabajo colaborativo. Esta  construcción social no es atribuible a un único individuo ni a un grupo, y tampoco es singular ni unificada, sino responde a una creación compartida socialmente”.
Como construccionistas no estamos encadenados a la historia ni a la tradición, por ello hoy podemos aventurarnos y apoyarnos en nuevos constructos conceptuales. Aunque se hable de supervisión horizontal, yo considero que la co-visión es la que más se aproxima y contiene nuestras prácticas profesionales en la formación en servicio  de pasantes, residentes, estudiantes voluntarios en nuestros proyectos comunitarios. El reto no está en hallar “una única mejor manera”, sino en crear aquellos tipos de relaciones humanas que nos permitan construir en colaboración el futuro de todos (Gergen, 2011, p.26). 
Es en este sentido, que nos atrae el prefijo CO/COM/CON; como colaboración, trabajo compartido, abordaje conjunto, un proceso cooperativo-colaborativo, trabajo en compañía no en soledad, ¡Mucho menos podríamos usar super-visión, si trabajamos en comunidad!
MF- Seguramente hablar de la Co-visión en profundidad llevaría mucho más tiempo y debate, ¿Qué características en general podría decirnos del proceso de Co-visión?
En realidad es una construcción inacabada, está siendo y se va construyendo desde nuestras prácticas profesionales, con altibajos. Al llamarla proceso, decimos que se trata de un todo continuo, dinámico e integrado y no a una simple sucesión de hechos aislados. Se trata de un proceso teórico-metodológico en tanto que consideramos que los procesos metodológicos  son contenidos por y a la vez sostienen  un enfoque epistemológico. Trabajar desde procesos de co-visión no implica haber encontrado la respuesta o la panacea para lo que conocemos como formación en servicio, formación en terreno o prácticas pre-profesionales. Solo constituye nuestra opción de trabajo compartido, donde co-visor y pasantes, residentes, colegas en entrenamiento, son sujetos protagonistas del proceso metodológico desplegado. Implica un  “mirar y hacer con otros” las diferentes situaciones que la práctica profesional comunitaria presenta y por ende la co-construcción de estrategias para superar obstáculos colaborativamente, tratando de responder a lo que la realidad comunitaria exige. En este proceso interactúan los actores sociales y sus  construcciones: los co-visores entre si y sus relatos. Relatos que se despliegan en un contexto (tiempo- espacio) en el cual se desarrolla el proceso y donde dichas narrativas cobran sentido. Las prácticas de  los co-visores acompañan tales relatos, como así también las categorías abstractas que se juegan en el proceso de co-visión, como así también los diferentes tipos de saberes y sentires.
ER- ¿Saberes?
Si, saberes y esto si tiene una fuente bibliográfica que nos sirve para nuestra construcción. Sobre los saberes en juego en el proceso de Co-visión podemos ir al texto de Graciela Tonón, que ofrece serios aportes, colega con quien compartí en el año 2006 un encuentro en La Cumbre, Córdoba. Ella cita a Lichterberger (1992), autor que diferencia los tipos de saberes; saber, saber hacer y saber ser. Saber: corresponde a los conocimientos teóricos adquiridos durante el proceso de formación académico- profesional plasmado en un título o diploma. Saber hacer: corresponde a la operativización de dichos conocimientos en prácticas profesionales continuas. Es decir  se refiere al conjunto de habilidades adquiridas y construidas en el trabajo compartido. Saber ser: se corresponde con el logro de establecimiento de la relación con las personas que atendemos- y nosotros agregamos con las que trabajamos. Nosotros ponemos el acento también en la relación construida entre co-visores. Tonón también se apoya en los aportes de D’ Iribarne (1994) que agregó a este planteo el Saber estar; que implica aquella serie de comportamientos que contienen características del profesionalismo cuyos componentes son: el rigor en la preparación, la acogida en la relación con los demás y la responsabilidad y fiabilidad en la ejecución.
TL- Profesor, usted siempre hace alusión a la dimensión subjetiva, el emocionarse, el sentir ¿qué lugar tiene esta dimensión subjetiva en el proceso de Co-visión?
Veamos,  nuestra experiencia nos enseñó que los co-visores  se van conociendo en el trabajo compartido, “codo a codo” y no a la distancia. Caminan juntos, van mirando juntos el proceso de intervención, aprendiendo juntos. Conocen a su co-operador y se conocen a sí mismo, en un proceso simultáneo, que va permitiendo en el desarrollo del trabajo: la creatividad, la comunicación, el sentido del humor, surgimiento y elaboración  in situ de las  emociones y los sentimientos que despierta la tarea. Ello contribuye a su fortalecimiento personal y profesional. Somos razón y emoción en un todo integrado, no debemos olvidar eso. Lo emocional moviliza la acción, Maturana (1995, p.23) nos recuerda que todas las acciones humanas, cualquiera que sea el espacio operacional en que se den, se fundan en lo emocional. Tanto los co-visores y nuestros consultantes en el conversar, en los relatos, expresamos nuestras emociones.
MF- ¿Que otras características puede agregar?
Espero no ser reiterativo en algunas características. En el trabajo compartido observamos  a la dificultad  como oportunidad, como posibilidad de realizar observaciones, de realizar indicaciones y orientaciones situadas. Es decir mientras la experiencia o práctica profesional “va aconteciendo”, emergen oportunidades de acompañar y modificar cursos de acción, estrategias, procedimientos, etc. Desde la co-visión propongo pasar de la distancia instrumental aséptica a la cercanía necesaria y estratégica. El trabajo co-operativo o co-laborativo durante la experiencia profesional permite que los co-visores capitalicen nuevos aprendizajes en terreno con el acompañamiento de su co-visor responsable, y también  les permite enfrentar  más fortalecidos los desafíos cotidianos, van ganando seguridad en su intervención y dejando fluir la creatividad.
Aprenden de otro co--visor mientras lo ven actuar, lo acompañan trabajando, operando con familias, grupos y comunidades. Aprenden de lo que hacen, de lo que escriben, de cómo registran la práctica diaria y no de lo que habla a la distancia, lejos de la complejidad de los barrios. La relación necesaria entre co-visores, es una relación de confianza construida, mutua confianza, confianza recíproca, de intercambio de saberes, superando la situación inicial de confianza deteriorada y de sospecha mutua. En la co-visión, los co-visores deben tener conciencia plena de la enorme responsabilidad de lo que están enseñando y aprendiendo desde su ejercicio profesional en acción, no desde el discurso. Es aquí donde juega  mucho la coherencia entre lo que se dice en aulas o las oficinas de “supervisión” y lo que hace en el terreno, con aciertos y errores. Esto a modo de espejo refleja y permite  contemplar el divorcio entre el discurso y la práctica si la hay,  o bien estará enseñando con el propio ejemplo. En la medida que se va desarrollando  el proceso formativo en acción, los  co-visores   son testigos lúcidos de cómo las problemáticas o situaciones adversas tienen eco en sus personas, es decir los problemas que tratan a diario, a la vez que tienen la posibilidad de elaborarlos en el momento que surgen, no postergarlos. Se van superando situaciones como conflictos relacionales en el equipo, con la población con la que se trabaja, o los consecuentes estados emocionales, angustias, miedos, broncas, alegrías, decepciones, etc. Los co-visores tiene la posibilidad de reflexionar sobre: ¿cómo hacen lo que hacen?, ¿cómo conocen lo que conocen o dicen conocer?, ¿qué capacidades descubre y que dificultades u obstáculos?, ¿cómo los superan?, ¿cómo se relaciona con los consultantes, familias, grupos o comunidades?, ¿qué les genera el ingreso al campo, los problemas encontrados y el trabajo entre co-visores?  Es un proceso formativo que hace foco en la tarea compartida, en el aprender haciendo con otros con mayor experiencia y competencias en el nivel de abordaje que estamos trabajando, promoviendo el desarrollo y crecimiento del ser profesional. Es un proceso compartido para poder desarrollar la creatividad, estrategias para descubrir distintos modos de afrontar los problemas que se presentan en el trabajo cotidiano. Estamos en el nuevo siglo donde  se presenta un gran desafío, el aprender con otros, colaborando, cooperando, resolviendo problemas juntos, aspirando a un nivel de conciencia de mayor apertura y  reciprocidad, abriendo puertas a posibles alternativas enriquecedoras como el trabajar con otros, junto a otros, en el  sentido  más estricto de estas palabras. Estos aportes los tomamos de la colega Liliana Calvó, que mencioné anteriormente.
MF- Ello también significa que los registros y la sistematización se hacen en forma conjunta, colaborativamente como Ud. prefiere decir?
En lo posible, en la práctica nosotros trabajamos mucho con el cuaderno de campo donde cada pasante nuestro lleva sus registros del proceso metodológico y de su proceso personal. En ellos van registrando y diferenciando los momentos de la experiencia, los hechos más importantes o significativos, acompañados en lo posible por el co-visor responsable designado. En esta modalidad el co-visor no exige lo que él, no hace. Él  sabe y vive la dificultad de registros rigurosos en pleno desarrollo de los diferentes planes de acción en una dinámica barrial que desborda cualquier planificación. Por ello se cree que los registros, las observaciones de los mismos, las reflexiones del proceso,  deberían construirse colaborativamente, nosotros construimos informes de equipo. Esto ya lo habría anticipado Natalio Kisnerman cuando escribió Servicio Social de Grupo, cuando se refiere a los tipos de informes. Caso contrario,  el co-visor responsable exigiría algo que no hace. Esto sucede con muchos “super-visores” que exigen lo que no hacen.  Sebastián Bertucelli,  en una conversación enunciaba  contundentemente: “a quien le gusta dar directivas a la distancia, a quien se le dificulta registrar rigurosamente sus experiencias, ordenarlas, reflexionarlas críticamente y construir conocimiento desde prácticas locales, se hace supervisor ¿Si no es así? cotejemos entonces experiencia sistematizadas y socializadas por los supervisores. ¡Si aparecen, me hago monje benedictino de clausura!. ¡No hay, hermano, no hay…!”
MF- Fuerte lo que dice el Lic. Bertucelli…
Si, usando palabras de Eric Berne, despiadadamente crítico. Natalio Kisnerman además de invitar a escribir sistemáticamente nuestras experiencias, también hace referencia en su Reunión de Conjurados, que no hay nada mas sospechoso que un supervisor, y que el mote de supervisor no es para cualquiera, menos para recién egresados o profesionales sin experiencias de trabajo comunitario, grupal o familiar.  En esto coincido con el Prof. Kisnerman, pues muchos supervisores hacen experiencias de supervisión con estudiantes o con profesionales noveles, aprenden y se hacen en la función. En muchos casos, construyen sus experiencias de y sobre las experiencias de los supervisados, no desde sus propias experiencias de trabajo.  Yo creo que la co-visión y la sistematización desde este posicionamiento,  interpelan a los “super-visores” en el campo las ciencias sociales, a sus registros de campo, a sus informes profesionales en su trabajo cotidiano y también a sus informes de evaluación. De mi tesis de maestría (2008-2011),  resulta que muchos de los profesionales entrevistados “reciben” una modalidad  de supervisión como la que hablamos hace un momento: supervisión a la distancia, por email, una vez a la semana, una reunión al mes,  sin registros rigurosos de sus experiencias. Solo confeccionan sintéticos informes de avance con evaluaciones tardías,  a modo de un trámite administrativo, más que textos científicos. A partir de ello, podemos ver que de sistematizar conjuntamente, ni pensarlo.
ER- Perdón Profesor, ¿La Co-visión no estaría fomentando una relación paternalista con el  residente, pasante o practicante, anulando su autonomía, limitando sus iniciativas? Esto a modo de crítica…
Aclaro que para mí, esta idea no es una crítica, es una buena excusa,  que la escuche de muchos colegas y otros profesionales. En su mayoría se tratan de supervisores que le escapan a afrontar con sus supervisados tareas conjuntas, de considerarlos compañeros de trabajo por eso “los mandan solos a los barrios, en soledad, incertidumbre, total ya prepararon el marco teórico o hicieron el curso o módulo correspondiente”. No podrían trabajar “codo a codo” con sus supervisados. Generalmente son profesionales pegados al rol estático “super”, que no pueden escaparle a la trampa “arriba-abajo”, “afuera-adentro”, “ellos-nosotros”, “Allá- acá”. Temen equivocarse  frente a sus “supervisados” y perder el status de superior, de autoridad, el poder. Dicho posicionamiento no les permite visualizar una tarea colaborativa y están más preocupados en cuidar y no perder el “rol”, que jugar ese “rol” que se necesita para resolver problemas. De este modo también se limita que los supervisados potencien aprendizajes y sentido crítico de los aciertos del supervisor, como así también de sus errores. Trabajar cooperativamente, colaborativamente, “codo a codo” atenta contra la comodidad del rol estático superior y despierta resistencias en el sentido psicoanalítico más estricto. Trabajar colaborativamente lleva a perder el rol hegemónico para ganar una posición estratégica que tiene que jugar para resolver problemas. Me parece que el paternalismo más que crítica, es una excusa para no salir de las aulas, de las oficinas de supervisión y habitar posiciones dinámicas en el sentido que Rodolfo Núñez lo plantea. Hay que estar en el terreno comunitario, grupal o familiar, con los co-visores para ver como fluyen iniciativas, propuestas, interrogantes, como fluye su creatividad. Repito, lo que me dices es una buena excusa, no una crítica.
MF- Desearía agregar  algo mas profesor?
VHM-  Si, quizás estas ideas resulten inquietantes o polémicas para algunos modos de pensar y practicar la “supervisión” y genere críticas en el mejor de los casos y ataques, descalificaciones inconsistentes en otros casos.  No necesitamos luchar hasta el final para convencer o asegurar que la co-visión prevalezca sobre las demás modalidades, sino que consideramos la crítica como una invitación al diálogo y a una posible colaboración de la que puedan surgir nuevas formas de comprender las cosas, nuevas visiones, nuevas orientaciones. Es más, en el original de esta entrevista, hablábamos de co-visados recuerdan? Y gracias al aporte de la Lic. Raquel Nadal (Psicóloga del Municipio Capitalino) re-pensamos si “…al hablar de co-visor y co-visados ¿no estaremos reproduciendo lo de super-visor y super-visados, con diferentes palabras nada mas?  Ello nos llevó a deconstruir lo construido en conversaciones anteriores y optamos por la reconstrucción o una nueva construcción: nombrar a los actores del proceso, ambos como co-visores del proceso de entrenamiento o capacitación. Diferenciándolos, solamente y a los efectos organizativos en el marco de un proyecto: un co-visor responsable o referente.
No buscamos propuestas o respuestas acusadoras o alienantes para quien hace la crítica, sino aquellas otras que nos llamen a reunirnos para crear juntos algo “nuevo”, siempre que su deseo genuino sea también nuevas construcciones, no descalificaciones. La co-visión es un proceso que nosotros habitamos, no solo discurseamos sobre ella. En palabras de K. Gergen;  para los construccionistas, las personas utilizamos el lenguaje para hacer cosas, de manera conjunta. Cuantos más ricos sean nuestras conversaciones mayores serán nuestras posibilidades y capacidades para coordinarnos como seres humanos. No pretendemos afirmar que las ideas construccionistas sean la verdad, sino que se trata de una forma de comprensión diferente, y por ende  una olvidada forma de acción: la colaboración.

Jujuy, 16 de Abril, 2012.
Centro de Estudios, Jakasiña.
* Artículo Autorizado en su Difusión, por el Equipo del Centro  de Estudios Jakasiña, 24 de Mayo 2012.


Las autoras
Nadia Melina FLORES. Asistente Social, integrante del Equipo Interdisciplinario del Centro de Estudios Jakasiña.  Co-visora Responsable del Proyecto  sobre Redes Comunitarias en Problemas de Niñez, Adolescencia y Familia en la Localidad de Reyes (Jujuy) en Convenio con la Dirección de Salud Mental del Municipio de San Salvador de Jujuy. Coordina Grupos de Aprendizajes en el Estudio Jakasiña. Actualmente cursa estudios de Licenciatura en Trabajo Social en la Universidad Católica de Salta.
Teresita Lascano. Co-visora/Pasante del Proyecto  sobre Redes Comunitarias en Problemas de Niñez, Adolescencia y Familia en la Localidad de Reyes (Jujuy)en Convenio con la Dirección de Salud Mental del Municipio de San Salvador de Jujuy. Integra el equipo de Voluntarios del Centro de Estudios Jakasiña. Estudiante de la Carrera de Trabajo Social,
Erika Anahí Ruiz. Integra el equipo de Voluntarios del Centro de Estudios Jakasiña Estudiante de la Carrera de Trabajo Social.


VICTOR HUGO MAMANI Mg. en Trabajo Social (UNER) Lic. en Trabajo Social (UNSE) En Santiago del Estero-Argentina